Sorprendente. Vale mucho la pena
Ya desde fuera el edificio se ve espectacular (especialmente con la iluminación nocturna). Por dentro es increíble. La sensación es que la espectacularidad del acuario va de menos a más. Especial mención a la sala con el cristal curvo más grande del mundo. Sencillamente único. El restaurante es muy bonito y con precios asequibles. Si tuviese que poner una pega, el techo nada más entrar parece de una nave industrial. Por lo demás, de diez. Para repetir sin duda.